Depresión

Depresión

Todo el mundo parece tener una idea de en qué consiste la depresión y es que el término depresión, a diferencia de muchas otras etiquetas y términos psicológicos, es ampliamente conocido y utilizado en nuestro lenguaje cotidiano. Pero al margen de este uso “mundano”, la depresión clínica es un trastorno del estado anímico en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante un período de tiempo prolongado. La característica fundamental sintomática, viene determinada por el denominado episodio depresivo mayor. Los síntomas recogidos son: estado de ánimo depresivo (en los niños y adolescentes puede tornarse en irritabilidad), disminución del interés por el placer, pérdida de peso y/o cambios en el apetito (disminución o aumento), insomnio o hipersomnia, agitación o enlentecimiento psicomotor, fatiga o pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o de culpa, dificultad para pensar, concentrarse y tomar decisiones, y pensamientos recurrentes de muerte.

La evaluación de la depresión debe ir dirigida, como en cualquier otro trastorno desde la perspectiva de la terapia de conducta, al tratamiento de ésta. Será preciso determinar en qué medida se cumplen los criterios que definen el cuadro depresivo y considerar el diagnóstico diferencial. Es ampliamente reconocida la eficacia y utilidad de la terapia de conducta en el tratamiento de la depresión. Puede decirse, además, que el tratamiento conductual (cognitivo-conductual) es hoy día ampliamente aceptado como recurso terapéutico para este trastorno. Es preciso matizar qué tratamientos son más eficaces, cuándo y en qué condiciones lo son, en función de las características personales y en relación con otros tratamientos, y finalmente, identificar qué variables son las responsables de ese problema.

En Gabinete Psicológico Soriano el objetivo principal de los programas de tratamiento consisten en mejorar la sintomatología depresiva y restablecer la calidad de vida del paciente para que pueda retomar aquellas actividades sociales, lúdicas y laborales que, con anterioridad, eran satisfactorias, agradables y positivas para la persona. Además, se trata de modificar aquellos pensamientos negativos que pueden dar lugar a la depresión. Para ello, se ayuda a la persona a identificar y modificar los conceptos distorsionados e irracionales que mantiene sobre sí misma, el mundo y el futuro. La persona aprende a resolver problemas y situaciones que anteriormente no se veía capaz de superar, y esto se logra mediante la reevaluación y la modificación de sus pensamientos. Otras estrategias terapéuticas que ayudan a superar los síntomas que acompañan al trastorno depresivo se encaminan al aprendizaje de recursos asertivos para la resolución de problemas o el entrenamiento en habilidades sociales para aumentar la eficacia y la calidad de las relaciones sociales y familiares.

Pero con frecuencia, la terapia para la depresión no se limita a la persona que la padece, sino que también se ofrece ayuda a las personas del entorno inmediato al paciente, aquellos más significativos para él. A ellos se les da información sobre la patología y se les ofrece asesoramiento acerca del modo más adecuado de interacción con el enfermo. El acercamiento de los miembros de la familia a las peculiaridades de este trastorno mental permite que éstos puedan comprender mejor la conducta de desánimo, tristeza y la pérdida de interés, sin que se produzcan acusaciones, reproches o presión sobre el enfermo que no harían más que agravar las dificultades, no sólo del paciente, sino también de las relaciones familiares. En general, los familiares no entienden el “porque” de las actitudes y conductas del paciente, que tiende a aislarse cada vez más de su entorno, y actúan en consecuencia por ejemplo con bronca, con retos, diciendo y repitiendo lo que “deben hacer”. Esto agrava el círculo vicioso de la enfermedad.
La depresión es en la actualidad junto a los trastornos de ansiedad, uno de los principales motivos de consulta en los centros de salud. Dada su complejidad, requiere de la acción conjunta de profesionales de la medicina, psiquiatría y psicología pero también del apoyo y la participación de la familia para una efectiva y pronta recuperación.

4 febrero, 2014