¿Cómo hablan los dibujos de nuestros hijos?

Los más pequeños encuentran en la hoja en blanco un medio de aprender y expresar lo que les gusta y les preocupa pero también es un medio para conocer al ser humano.

Muchos son los expertos que consideran el dibujo como una herramienta de gran utilidad en la evaluación psicológica de los niños, sobre todo, a partir de los 5 años. En este sentido, señalan que el dibujo refleja la forma particular en la que el niño ve y vive su mundo, además de suponer un reflejo de sus cambios madurativos.

En concreto existen indicadores gráficos para rasgos psicológicos como desobediencia, ansiedad, egocentrismo, motivación para el aprendizaje, inseguridad, perseverancia, autoestima o problemas de relación social. Sin embargo, los expertos advierten que la interpretación de un dibujo infantil debería basarse en aproximaciones estadísticas que asocian la presencia de una determinada característica del dibujo con una elevada probabilidad de presentar un rasgo de personalidad. Además hay que tener en cuenta que pueden ser rasgos que aparezcan en momentos puntuales de la vida del niño.

Existen así pruebas específicas basadas en diferentes tipos de dibujo que ayudan a psicólogos y educadores a detectar posibles problemas o potencialidades en los niños. Dos de los más utilizados son los de la familia y el de la casa-árbol-persona. Por ejemplo, en el dibujo de la familia se evalúan características como el tamaño, el tipo de trazo, el orden en el que se han pintado los personajes y la distancia entre ellos o la omisión de alguna de las figuras (el padre, la madre o un hermano), incluso la negativa a dibujar.

Existen algunas señales que pueden ayudar a los padres a detectar de forma precoz si existe algún problema:

1. Evolución de las formas y las figuras: cada etapa se corresponde con un nivel de evolución del dibujo. Así, alrededor de los 4 a 5 años, las formas deben ser mínimamente reconocibles ya que el niño está en proceso de elaborar los esquemas de cada cosa.

2. Presión: hay que observar los desajustes, si los trazos son tan fuertes que pueden romper el papel o tan suaves que casi no se perfila el dibujo.

3. Elementos del dibujo: si el niño añade muchos detalles a un elemento o parte del dibujo o en cambio los omite cuando debería incluirlos.

4. El tamaño o espacio utilizado: las desproporciones de una figura o de sus elementos. Se pueden encontrar también tamaños muy grandes que incluso excedan el espacio de la hoja o muy pequeños.

5. Organización de formas y figuras: si se aprecia confusión en el orden de los elementos o por el contrario todo está tan colocado y organizado y da la impresión de rigidez o de dibujo estático.

6. El trazado de las líneas: hay que fijarse si las líneas son discontinuas o entrecortadas o se concentran formando una especie de ovillo ennegrecido, o si son muy angulosas.

7. Los colores: a partir de los 4 años se elige el color por una cuestión emocional. Será un signo de alerta que el niño utilice un único color repetidamente, o si predomina el negro y el rojo en sus dibujos.

8. Las tachaduras y correcciones: hay que observar si hay muchos tachones, o si necesita borrar muchas veces lo que dibuja para luego repetirlo.

Desde Gabinete Psicológico Soriano, recomendamos a los padres que si creen que su hijo pasa por un momento difícil y pueden detectar en sus dibujos aspectos llamativos acudan a un profesional cualificado que les inspire confianza y sobre todo “que conecte con tu hijo desde la primera visita”.

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