“DE PADRES E HIJOS”

A pocos días de volver a celebrar un año más el Día del Padre, desde Gabinete Psicológico Soriano queremos felicitar y brindar este post a todos esos padres dedicados y entregados al cuidado de sus hijos.

Aunque haya sido dicho en multitud de ocasiones, vale la pena repetirlo: ser padre o madre es uno de los desafíos más difíciles que plantea la vida para cualquier persona; y a la vez, una tarea en extremo gratificante. Ser padres es una opción tan importante, que puede darle sentido a la vida de una persona, al punto de que en condiciones de adversidad, seguir adelante y luchar “por los hijos”  se convierte en el objetivo de muchos padres y madres.
Mucho se habla del rol de la madre en relación a la crianza de los hijos, pero ¿qué sucede con el papel que desarrollan los padres?

El padre actual es consciente de sus responsabilidades sin dejar de lado su capacidad para jugar con los niños, contarles cuentos e implicarse al mismo nivel que lo hace la madre, sin que esto suponga la pérdida de su identidad masculina ni de su virilidad.

Los expertos señalan que el rol paterno es fundamental para el desarrollo del niño, transmisor de conocimientos, de experiencia… Los hijos le ven cómo un ejemplo a seguir y las hijas buscarán, tras la pubertad, un modelo de hombre parecido a su padre.

Según distintos autores, podemos distinguir cinco tipos de “papás”:

Padres ausentes

La figura del padre ausente sigue existiendo hoy en día. Los motivos pueden ser varios: madres que han decidido tener a sus hijos solas o que han sufrido separaciones muy traumáticas de sus parejas y los lazos padre – hijo se han roto por la mala relación de la pareja. En estos casos no hay presencia física paterna en la vida del niño. Si alguna vez se ven o corresponde  visita, el niño puede reaccionar con miedo o extrañeza. La madre asume el papel de padre y madre al 100%.

Padres “muy ocupados”

A estos padres, les gusta serlo; están orgullosos de sus hijos, pero delegan en la madre que, independientemente de que trabaje o no es la que organiza horarios, comidas, actividades…. Los niños están deseando ver a su padre porque cuando lo hacen, habitualmente significa juego y diversión. En algunas ocasiones más que jugar mantienen la distancia porque papá es ese personaje siempre agotado de trabajar con el que hay que portarse bien. Las madres asumen gran parte de la figura paterna, al menos en términos de presencia física.

Padres comprometidos

Son aquellos que intentan comprometerse con la función de padre. Les gusta verse involucrados en las actividades de la vida diaria de sus hijos, pero ante las eventualidades importantes recurren a la madre que es la que conoce con detalle el tema. Los niños mantienen una excelente relación con este tipo de padre aunque la madre es el refugio y la seguridad cuando algo crítico ocurre. Los padres comprometidos son los que realizan actividades en función del tiempo disponible.

Padres al 50%

Son aquellos que han pactado con sus parejas y se coordinan las obligaciones y responsabilidades de sus hijos al 50%. Indistintamente llevan o recogen a sus hijos del colegio, se quedan con ellos tardes o fines de semana o se ocupan de cualquier actividad de la vida de sus hijos, de principio a fin. El padre conoce todo igual que la madre; el niño asume a ambos de igual modo.

Padres a tiempo completo

Para este tipo de padre también existen varios motivos, que hayan adoptado, que sean viudos o divorciados con la custodia plena de sus hijos. O, simplemente, que lo hayan decidido y pactado así con la madre: quieren ser padres a toda costa, disfrutar de sus hijos y verles crecer. Dejan su trabajo, piden excedencias y cuidan de sus hijos, con igual mimo y esmero que una madre clásica. A veces incluso aún más ya que su inseguridad y miedo a equivocarse les hace más perfeccionistas. Los niños en estos casos no lo dudan, su padre es su refugio y su seguridad. No existe un papel más o menos adecuado, cada padre asume su función condicionado por sus circunstancias afectivas, económicas y laborales. Lo que sí es importante es el interés que ponga en los niños. Una simple sonrisa, un te quiero o un abrazo pueden transmitir mucho más el amor paterno que el hecho de pasar todo un día con ellos pero ocupados y pensando en nuestras cosas.

 

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