¡Mi hijo no come!

Comer es una conducta que afecta al buen desarrollo psíquico de nuestros hijos. A través de una buena alimentación el niño consigue:

Desarrollar un hábito que facilitará otros como el del estudio o el del baño.

Aprender a resolver conflictos, porque cuando un alimento no le gusta puede negociar comer menos cantidad o con menor frecuencia a cambio de probar algún alimento nuevo o tomar de otro que tampoco sea de sus preferidos.

Prevenir trastornos como la obesidad, la bulimia o la anorexia.

Crear rutinas que favorecen su autonomía. El pequeño se sentirá bien si le permitimos hacer cosas por sí mismo que estén implicadas en el proceso de la comida, como participar en el menú, recoger la mesa, ayudar a cocinar…

Favorece la estimulación del habla en niños pequeños. Masticar y tragar sólidos son ejercicios imprescindibles para la tonificación de los músculos implicados en el habla.

Pero, ¿qué ocurre cuando nuestro hijo es un “mal comedor”? Según las estadísticas, nueve de cada diez padres se enfadan con sus hijos cuando estos rechazan la comida. El paso siguiente es obligarles a comer, aplicar castigos, entretenerles con juegos, ofrecer premios, triturar la comida, poner la televisión, disfrazar los alimentos con rebozados, ketchup… Otros padres prefieren hacer la comida que les gusta antes de enfrentarse a grandes cantidades de estrés y mal humor.

A la larga, este tipo de comportamientos, en lugar de evitar el problema, hacen que este se perpetúe. Los padres deben aprender a ser pacientes, firmes y constantes a la hora de establecer unas normas para el momento de la comida. El punto más importante es intentar evitar las discusiones y los castigos, pues lo único que podemos conseguir es atribuir a la comida un valor emocional.

Los niños que comen mal se prolongan durante horas delante del plato, cuando lo normal es que fueran capaces de comer en un tiempo de entre 25 y 40 minutos.

¿Cómo podemos conseguir que nuestro hijo cumpla con estos tiempos? Un método eficaz es emplear una alarma y explicarle al niño por qué la vamos a usar. El primer día permitiremos hasta una hora. Llegado ese momento hay que retirar el plato aunque no haya terminado. Luego hay que ir reduciendo 5 minutos cada tres días hasta llegar a los 40 minutos deseados. La comida debe transcurrir en un ambiente distendido y sin meter prisa al niño.

No hay que hacer ninguna alusión a que no come y, si hemos tenido que retirar el plato, es muy importante que no picotee nada hasta la próxima comida y que beba sólo agua.

Si el niño es menor de tres años, hay que ayudarle a llevarse la comida a la boca. Si no quiere, dejamos el cubierto y se intenta dar de nuevo el bocado pasados unos dos minutos. Se repite el ofrecimiento tres o cuatro veces y podemos permitirle que se levante de la mesa. Pasados tres o cuatro minutos volvemos a intentar darle de nuevo la comida. Si el niño es mayor de tres años es mejor dejarle a su aire; eso sí, no vale que se levanten de la mesa: tendrán que esperar a finalice la comida de los demás aunque ellos no hayan probado bocado.

A veces es imposible no perder la paciencia, así que en esos momentos es conveniente que sea el otro cónyuge, si coincide a la hora de la comida, quien se encargue de seguir.

Para finalizar, os dejamos unas sencillas pautas de conducta en temas de alimentación, elaboradas junto a un equipo de pediatras y nutricionistas:

Procurar que le momento de la comida no sea un drama, sino una experiencia de convivencia relajada para disfrutar del encuentro de toda la familia en la mesa.

Sigue siempre la misma rutina (lavarse las manos, ayudar a poner la mesa, sentarse, comer, ayudar a recoger)

Evita distractores como juguetes, tabletas o televisión durante la comida.

Dale prioridad a la calidad de la comida antes que a la cantidad. No desbordes los platos en exceso de comida y trata de ser coherente con el mínimo y máximo que se ha de comer. Si tu hijo toma poca cantidad, asegúrate de que lo poco que come sea variado y equilibrado nutricionalmente (verdura, carne, pescado, fruta, pasta). Los alimentos nuevos es mejor introducirlos gradualmente y sin presiones.

Corrige sus conductas inadecuadas. Es muy importante que aprenda modales a la mesa. No lo premies o castigues con la comida, eso si, no dejes de elogiarlo por todos sus progresos.

No prolongues el tiempo de la comida más de 40 o 45 minutos. Retira el plato finalizado ese tiempo. Si no ha comido mucho, no es buena idea que le cocines algo diferente porque te lo exigirá como rutina. Vigila que no picotee entre comidas y ofrécele agua.

Preséntale la comida de forma atractiva.

Educa a tus hijos con la cocina. Deja que te acompañen a comprar, que ayuden a cocinar y a preparar la mesa. Esto les motiva mucho y puede estimularles el apetito.

Con la vuelta al cole puedes pensar en inscribirlo al comedor, esto puede animarlo a comer al ver que sus amigos lo hacen.

No debemos dar ningún complemento alimenticio a no ser que sean recetados por nuestro médico.

Serénate, ten paciencia y se constante con la modificación de los hábitos inadecuados de tus hijos. Se trata de una tarea dura, pues el proceso será largo y los cambios no se apreciarán hasta pasado un tiempo. Pero no tires la toalla. ¡SUERTE!

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