Hijos adolescentes y contratos de conducta

Con demasiada frecuencia acuden a consulta padres muy preocupados por el comportamiento de sus hijos adolescentes.

Todos sabemos lo difícil que resulta para nuestros hijos la transición de primaria a secundaria. A esto, debemos sumar la cantidad de cambios que se producen durante esta época, tanto a nivel físico como psicológico y social: búsqueda de identidad, mayor nivel de privacidad, cambios emocionales bruscos, etc.

El período de la adolescencia, por lo general, ocurre entre los 10 y 14 para las niñas y los 12 y 16 para los varones. Aunque en los últimos años, gracias a las mejoras en la calidad de vida, salud y nutrición, estamos asistiendo a un adelanto de la edad de la adolescencia y por ejemplo, en el caso de las niñas, cada vez es más habitual que tengan su primera menstruación en una edad bastante temprana.

Los caracteres sexuales secundarios son los que marcan la feminidad y la masculinidad. Tanto si aparecen de una forma prematura como tardía, pueden causar situaciones de baja autoestima en el adolescente. En el caso de los chicos estos caracteres son vello púbico, axilar, facial y torácico, cambio de la voz y del olor corporal. En las chicas son el desarrollo mamario, la aparición de vello, el cambio del tono de voz y el olor corporal.

Durante esta etapa, no sólo ocurren marcados cambios físicos sino también importantes cambios psicológicos y emocionales, que harán que el adolescente se enfrente a las relaciones familiares y a su entorno, de una forma ambivalente. Demandan continuamente independencia, cuestionan las normas establecidas, la autoridad, y sin embargo sienten “pánico” a plantearse la vida de forma autónoma y tomar sus propias decisiones. La realidad es que, en múltiples ocasiones, los adolescentes no se comprenden a sí mismos y, sobre todo los padres y los adultos de su entorno tampoco sabemos encontrar las respuestas adecuadas a sus vivencias.

Para empezar a trabajar con un adolescente debéis partir de dos elementos: cómo es vuestro hijo/a y cómo actúan los adolescentes. Todos los aspectos que se han destacado al principio son frecuentes y normales, siempre que no sean exagerados, por ejemplo… que se enfaden frecuentemente con los padres, porque no les dejamos hacer alguna actividad, es normal, pero si se enfada con insultos o mucha agresividad ya no es tan normal. Una reacción así puede nacer, por ejemplo, por haber estado muy consentido/a o sobreprotegido, por haber sido demasiado rígido con él, o simplemente porque tenga una baja tolerancia a la frustración.

El adolescente busca seguridad en su pandilla, aunque estas son todavía poco estables. Necesita menos afecto de los padres (pero si apoyo y comprensión) y busca su independencia… en este camino vuestro hijo debe aceptar la autoridad paterna, pero debemos dialogar y negociar más que antes (ya no sirve eso de “porque lo mando yo”). También debemos hacer entender al joven cuando sus razonamientos son sensatos y cuando no (no es fácil, pues sólo piensan en el presente). En este momento de la vida del joven, las madres y los padres se pueden ver desbordados, así que es posible que en algún momento necesitéis la ayuda de un profesional.

Lo que es constante es la tensión entre padres e hijos en esta fase del desarrollo. Parece difícil llegar a un consenso y conseguir la comprensión entre unos y otros. Durante la adolescencia da la sensación de que hablamos idiomas diferentes y que es imposible entendernos. Una de las opciones que ofrecemos los profesionales para evitar algunas de estas situaciones tensas, consiste en la elaboración de un contrato conductual con sus hijos.

Un contrato conductual o de conducta es un acuerdo que se redacta entre padres e hijos y en el que figuran las normas y expectativas que tiene cada parte de cara a situaciones que pueden ser problemáticas para la dinámica familiar. Estos acuerdos formales se hacen por escrito, para dejar especificadas con claridad las reglas y los límites que se establezcan, las consecuencias que tendrá el incumplimiento de las normas y también los beneficios que tendrá el adolescente si se ajusta a lo pactado.

Los contratos de comportamiento pueden abarcar muchos temas o pueden ser específicos para controlar una actitud concreta. Estos documentos suelen tratar cuestiones como el uso de tecnologías, las citas, el consumo de alcohol o el desempeño académico del adolescente.

Dada la variedad de temas que se pueden incluir en un contrato conductual es difícil establecer un modelo estándar. Sin embargo, existen unas cuestiones básicas que se deben especificar cuando se redacte uno de estos contratos:

 

▪ Una descripción detallada de la conducta que los padres esperan de sus hijos.

▪ Una lista de beneficios que los adolescentes obtendrán de cumplir con el contrato.

▪ Las consecuencias negativas en caso de no cumplir con el acuerdo.

▪ La firma de los padres y del hijo para cerrar el trato.

 

Los contratos de conducta pueden ayudar a los adolescentes a lidiar con la toma de decisiones, estableciendo un camino claro a seguir para que él mismo pueda gestionar con más facilidad las situaciones a las que se enfrenta a diario y que lo ponen a prueba.

Además, un contrato de conducta requiere que ambas partes estén de acuerdo con los términos, por lo que son una buena herramienta para incentivar la comunicación y para conocer mejor las inquietudes y deseos de los hijos, así como las expectativas de los padres.

Un recurso que permita una comunicación más fluida en el entorno familiar y que promueva una serie de valores positivos que ayudarán al adolescente a largo plazo, servirá de nexo entre padres e hijos para construir una relación sólida que ofrezca al adolescente las bases que necesita para desarrollarse como un adulto sano y responsable.

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