¿Mi hijo hizo qué…? Pero si es un santo!!!

¿Qué niño no se comporta mal alguna vez? Los niños pueden presentar conductas molestas y disruptivas, sin que afecten de forma grave a sus vidas. Algunos pueden tener problemas de comportamiento temporales debido al estrés. Por ejemplo, el nacimiento de un hermanito, un divorcio o la muerte de un miembro de la familia puede hacer que el niño se comporte mal. Sin embargo, cuando un niño manifiesta este comportamiento de forma frecuente y persistente, sí puede suponer para el niño problemas y dificultades en su adaptación en el medio escolar, familiar y social, pudiendo afectar a su desarrollo psicológico. Los trastornos de la conducta son muy serios. Abarcan un patrón de conductas hostil, agresivo o perturbador que dura más de seis meses y que no es apropiado para la edad del niño.

Los signos de advertencia pueden incluir:

• Dañar o amenazar a otras personas, mascotas o a sí mismos

• Dañar o destruir las pertenencias ajenas

• Mentir o robar

• No tener buen rendimiento escolar, faltar a la escuela

• Comenzar a fumar, beber o consumir drogas prematuramente

• Actividad sexual prematura

• Rabietas y discusiones frecuentes

• Hostilidad constante hacia las figuras de autoridad

Si observa en sus hij@s alguno de estos problemas, pida ayuda. Las malas elecciones pueden volverse un hábito. Los niños con problemas de conducta tienen más riesgo de fracasar en la escuela, tener problemas mentales y las tasas de suicidio son muy elevadas. Las clases o la terapia de familia pueden ayudar a los padres a aprender a establecer y hacer cumplir los límites. La psicoterapia y terapia del comportamiento para su hijo también pueden ayudar.

Desde Gabinete Psicológico Soriano, entre otras pautas básicas recomendadas por los  mejores especialistas, destacamos las siguientes:

• Claridad. Cuando se dan instrucciones al niño, es importante ser claro y preciso. No es lo mismo decirle “pórtate bien”, o “no te portes mal”, que decirle qué es correcto y qué no lo es.

• Coherencia y constancia. Un padre que riñe a su hijo por un determinado comportamiento, debe hacerlo siempre que lo detecte de nuevo. Hay que tener en cuenta, asimismo, que el pequeño observa su entorno y lo imita: no sería correcto desaprobar una conducta que contempla de forma habitual en su familia.

• Consenso y complicidad. Es necesario que todos los miembros de la familia, y de fuera de ella con responsabilidad sobre el niño, apliquen las mismas pautas a la hora de enseñar al pequeño buenos hábitos de conducta. Todos deben permitir, o no, las mismas actuaciones.

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