Niños desobedientes

En el blog de hoy queremos definir cuáles pueden ser nuestras armas como padres una vez que ya lo hemos probado todo y parece que nada funciona. Cuando hartos de reñir, amenazar, castigar… vemos que nuestros hijos siguen sin hacernos caso.

Los consejos que desde Gabinete Psicológico Soriano os ofrecemos no son un completo manual de instrucciones, pues cada niño es único y cada técnica debe adaptarse a las características de nuestro hijo y al tipo de familia que formamos. Se trata más bien de pautas, recomendaciones y técnicas que tenemos a nuestro alcance, las cuáles podemos ir probando hasta ver cuáles se ajustan mejor en nuestro caso particular.

Lo principal es poner unos límites claros y sólidos, que hagan que el niño tenga claro qué es lo que se espera de él y lo que no. Debemos ayudarlo a aceptar el “no” como respuesta y educarlo en valores como el respeto, la educación, la tolerancia y la obediencia.

Hace unos años, en EEUU, en concreto en el Departamento de Policía de Washington, se creo un Decálogo para padres sobre lo que debían hacer para que, pasados unos años, sus hijos terminaran en esas instalaciones detenidos:

1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que le pida, así crecerá convencido de que el mundo le pertenece.

2.  No le dé ninguna educación espiritual, espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto le animará a hacer más cosas graciosas.

4. No le regañe nunca ni le diga que está mal algo de lo que hace, podría crearle complejo de culpabilidad.

5. Recoja todo lo que él deja tirado, libros, zapatos, juguetes, hágaselo todo, así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos, cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados pero que su mente se llene de basura.

7. Discuta y riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así no se sorprenderá ni le dolerá demasiado el día en que su familia quede destrozada para siempre.

8. Déle todo el dinero que quiera gastar, no vaya a sospechar que para disponer de dinero es necesario trabajar.

9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres; el sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores, vecinos, etc. Piense que ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarle.

Los niños habitualmente intentan saltarse los límites que les ponemos y lo lógico es que tengamos que ir enfrentándonos a muchas discusiones hasta que aprendan a comportarse de la manera que nosotros esperamos. Es normal que los niños quieran probar hasta dónde pueden llegar y cuál será nuestra reacción si sobrepasan el límite marcado. Es en ese momento cuando hay que mostrarse firmes, pues si cedemos, costará mucho más retomar el respeto de las normas. Para empezar debemos tratar de distinguir entre niños desobedientes y niños con algún trastorno. Debemos sospechar que no es simple desobediencia si:

Parece que está sordo cuando se le habla

Hay que repetirle todo veinte veces hasta que lo hace

Deja la mayoría de cosas sin terminar

No se entretiene con nada

Es demasiado despistado

No sabe organizarse

Necesita atención y supervisión continua

Sus rabietas son demasiado intensas y continuadas

No permanece quieto ni un minuto

Desafía a los mayores

No se atiene a ninguna norma

Es anormalmente agresivo

Estas pautas de conducta podrían indicarnos diferentes trastornos, como Trastorno por Déficit de Atención, Trastornos de Conducta o de Personalidad. Ante cualquier sospecha busque ayuda profesional.

Una vez que conocemos en qué circunstancias suele comportarse mal nuestro hijo y, algo MUY IMPORTANTE, lo que obtiene con esa conducta (comprarle lo que quería, ver la tele, jugar un rato más con la consola, nuestra atención,…), podemos determinar a partir de qué momento las cosas empiezan a ir mal. Debemos guiarnos por estas tres reglas:

 

  1. Ignorar las conductas inadecuadas del niño, evitando, de esta forma, reforzar los comportamientos negativos.

 

  1. Cuando utilicemos el castigo, asegurarse de que la consecuencia negativa que sigue a un mal comportamiento no suponga de alguna manera una recompensa para el niño. Por ejemplo, si mandamos al niño a su habitación, si allí dispone de ordenador, televisor o juguetes, no será un castigo para él.

 

  1. El niño debe ser recompensado o premiado inmediatamente siempre que se comporte de la forma esperada. Recordar que no siempre debe ser un premio material, uno de los mayores refuerzos para nuestros hijos es escuchar de sus padres lo orgullosos que están de él.

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