Pastillas para el dolor del alma

En el Día Mundial de la Salud Mental queremos abordar un tema que cada año resulta más preocupante, el uso (o incluso el abuso) de ciertos fármacos como los antidepresivos y los ansiolíticos.

Cada vez más gente toma antidepresivos y es más frecuente que un amigo o familiar comente que no es capaz de dejarlos. ¿Qué está pasando?

Vivimos en un mundo que pretende negar que el dolor y el malestar forman parte de la vida. El uso de antidepresivos se ha disparado en las últimas dos décadas de modo que hay varios antidepresivos entre los diez fármacos más prescritos en atención primaria y entre los medicamentos que mayor número de envases al año venden en nuestro país.

Es también muy común que los médicos crean que manteniendo el antidepresivo se pueden prevenir las recaídas en personas que han sufrido episodios depresivos, y que nunca se atrevan a retirarlos por miedo a que el paciente vuelva a pasarlo mal. Sin embargo, no hay evidencia científica de que prolongar el tratamiento más allá de un año tras la remisión total de los síntomas, en casos de DEPRESIÓN, tenga un efecto preventivo. Son muy pocos los casos de depresión en los que tenga sentido mantener el fármaco en un plazo más largo. Afortunadamente, la depresión “de verdad” es una enfermedad que se cura y que aparece en forma de episodios ocasionales a lo largo de la vida. ¿Hay algún motivo para que un paciente tome antidepresivos durante muchos años o eso siempre es negativo o inútil?

Sí, hay buenos motivos para tratamientos muy largos en caso de pacientes que sufren problemas diferentes de depresión.

Hoy en día, los antidepresivos más utilizados, de la familia de los ISRS (que actúan sobre el nivel de Serotonina), como el famoso Prozac, cuyo principio activo es la Fluoxetina, la Sertralina, la Paroxetina o el Escitalopram, se utilizan también para tratar problemas diferentes a la depresión.  Algunos de estos problemas como la Fobia Social, la Bulimia o el Trastorno Obsesivo Compulsivo se pueden cronificar y los pacientes que los sufren pueden requerir un tratamiento muy prolongado para poder llevar una vida normal (hablo, por supuesto, de los casos más graves, porque hay diferentes niveles de gravedad).

Una pregunta que se estará haciendo mucha gente: ¿Cómo sé que ha llegado el momento de dejar los antidepresivos? Sí, es la pregunta del millón, desde luego, y no es tan fácil de responder. Lo primero que hay que tener en cuenta es el motivo por el que los tomas. Aquí encontramos tres grandes grupos:

1) Personas que los toman por un problema de DEPRESIÓN.

En líneas generales, si es el primer episodio en tu vida, el médico te indicará tomarlos durante un mínimo de seis meses desde que hayas alcanzado la remisión (habitualmente los pacientes responden al mes o mes y medio de comenzar a tomar la medicación). Si fuese el segundo o hubieses sufrido más de dos en tu vida, el tiempo mínimo se alargará como mínimo un año. El objetivo de estas duraciones es reducir la probabilidad de recaída al retirar la medicación. Evidentemente esto no es una ciencia exacta, si cuando se cumple el año ocurre en nuestra vida algún suceso traumático o estresante, lo más sensato sería esperar para llevar a cabo la retirada. Un buen momento es cuando nuestra vida está estabilizada y nuestros hábitos y rutinas vuelven a la normalidad.

2) Personas que los toman por un problema de ESTRÉS.

Hay épocas en nuestra vida en que se nos acumulan situaciones complicadas hasta llegar a un estado de agotamiento. Cuanto más reactivo sea el cuadro y más transitorio el estrés que lo causó, más corta será la duración del tratamiento. Es necesario señalar la importancia de la terapia psicológica donde nos ayuden a comprender el cómo y el por qué hemos llegado a esa situación y nos enseñen las estrategias necesarias para contrarrestar y afrontar todos los síntomas derivados de ese trastorno. Recordar que siempre, el tratamiento combinado de medicación y psicoterapia es mucho más eficaz que únicamente tomar un fármaco.

He de aclarar aquí que un sólo acontecimiento estresante, por doloroso que resulte, no debería llevarnos inmediatamente a tomar un antidepresivo. Necesitamos sentir la pérdida, el abandono, el duelo y poner en marcha nuestros recursos, darnos tiempo a afrontar, aceptar y adaptarnos.

3) Problemas crónicos de tipo OBSESIVO COMPULSIVO (TOC) y otras variantes de ANSIEDAD CRÓNICA grave.

Son las personas que sufren este tipo de problemáticas las que deben seguir tratamientos más prolongados, incluso a veces por muchos años o toda la vida en los casos más severos. Sobretodo si después de algunos intentos de retirada supervisados por un especialista llegan a la conclusión de que su funcionamiento en el día a día se ve muy limitado sin la ayuda del fármaco. Son pocos casos, no deberían ser más del 10% de las personas que han tomado alguna vez en su vida un antidepresivo.

Quizás, para dar más pistas sobre cuándo podría ser un buen momento para dejar de tomar el antidepresivo podemos usar la regla cinco de diez. Si crees que cumples al menos cinco de los siguientes diez criterios, tal vez deberías consultar con tu médico la posibilidad de ir abandonando, bajo su supervisión, el tratamiento:

1) Llevas más de nueve meses sin los síntomas que te llevaron a comenzar a tomarlo (al menos no habitualmente o no todas las semanas).

2) Has analizado los motivos que te llevaron a aquel malestar y los comprendes y tienes en cuenta.

3) Has desarrollado a través de la terapia estrategias que te permiten afrontar el malestar y aliviarlo.

4) Te encuentras en un momento estable, no está pasando nada fuera de lo cotidiano, tus rutinas están en orden.

5) En el futuro próximo no hay acontecimientos estresantes o de cambio importante en tu vida a los que vayas a necesitar adaptarte (una mudanza internacional, un cambio de trabajo, tener vuestro primer hijo…)

6) Has recuperado tu nivel de funcionamiento previo, no necesitas evitar cosas que antes hacías ni te sientes limitado por el miedo. Llevas un estilo de vida saludable, comes relativamente sano, haces algo de ejercicio y duermes razonablemente bien.

8) Las personas que mejor te conocen, te ven bien, nadie te insiste en que no debes dejar la medicación (puede que no tengan razón en insistir, por supuesto, pero este sólo es un factor de diez)

9) Aunque puedas tener algo de miedo a dejar la medicación, tienes ganas y estás motivad@ para buscar alternativas para manejar el malestar en el caso improbable de que reapareciese.

10) Ha llegado un momento en que el equilibrio entre lo que el medicamento te aporta y las desventajas de tomarlo ya no es positivo, tiene más inconvenientes que ventajas (ésta podría ser una condición también para plantearse un cambio de medicación si todavía no es el momento de dejarla)

¿Sufriré algún síndrome de abstinencia?

No, ningún antidepresivo causa dependencia física, por lo que no puede haber “abstinencia”. Sin embargo, sí pueden aparecer síntomas físicos durante la retirada en un 10-20 % de los casos, lo que llamamos el SÍNDROME DE RETIRADA O DISCONTINUACIÓN. Se trata de una sensibilidad especial que algunas personas tienen a la variación brusca de dosis y consiste en un mareo peculiar, como si te flotara la cabeza, y de posibles calambres y sensaciones eléctricas en los músculos. Se evita y se soluciona engañando al cuerpo con una reducción mucho más lenta y suave de la dosis.

¿Cómo distingo los síntomas de retirada de una recaída?

Es muy sencillo, porque no se parecen demasiado a los síntomas iniciales y van a menos con el tiempo, no a más. En general un conjunto de molestias físicas leves que aparecen a los dos o tres días de dejar la medicación y que van a menos en la segunda semana y han desaparecido al mes, no son una recaída.

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